







La idea era ir primero al bosque vertical de Engolasters para que Nacho practicase un poco en el cambio de mosquetones en una linea de vida. El problema surgió cuando llegamos y el monitor tenía a un chaval progresando sin casco en uno de los circuitos mientras él estaba tumbado sobre una mesa de picnic. Muy profesional, ¡ así , dando confianza y seguridad !. Ante ésto decidimos que ni de coña realizabamos una actividad con semejante personal.
Después de comer nos fuimos a la vía ferrata para lo que me llevé la cuerda por si tenía que encordarle en algún paso e incluso en toda la ferrata, pero Nacho está hecho de una pasta especial y lejos de acojonarse, no paraba de decirme que si hacía falta me daba la mano para superar algún paso.
Con los ojos vidriosos de la emoción y el pecho hinchado como un palomo, estaba yo de ver al nano como disfrutaba con sus ocho añitos. Ni el patio, ni el pequeño desplome, ni las viras eran un problema. La hicimos tranquilamente, cuidando siempre la seguridad, explicandole las diferentes partes que nos encontramos y sin duda se convirtió en una de las tardes más mágicas que he pasado en la montaña.
Qué guay Raúl!
ResponderSuprimirEnhorabuena a Nacho y al papi.
ResponderSuprimirEl mérito es del nano que apunta maneras, lo del padre ya no tiene arreglo.
ResponderSuprimirRoca y Fab, esperemos salir con decoro de la maratón ferratera.